La mente que Dios nos creó.


La mente se ocupa de las emociones, las ideas, las opiniones, las interpretaciones, la forma en que la persona piensa, las respuestas a distintas circunstancias, las creencias, los valores, el juicio moral, las memorias, los razonamientos y muchas cosas más. 


Hoy en día, a pesar de todos los avances científicos, es imposible explicar, salvo a través de la fe, cómo el cerebro posee la capacidad de tener recuerdos, memorias, pensamientos, emociones, valoraciones, juicios, etc., y todo esto en infinitas combinaciones.


La mente es una entidad totalmente diferente al cerebro.


 El cerebro es materia y la mente es algo inmaterial.


Para la mente (a veces llamada también alma o psyche de donde deriva la palabra Psicología) no hay diferencia si las sensaciones son recibidas por los nervios ópticos, auditivos, olfativos, gustativos o táctiles. 


Esta capacidad va más allá de lo biológico en el cerebro. 

El fisiólogo (científico que estudia los órganos de los seres vivos y su funcionamiento) no puede dar una explicación aceptable de que una vez que llegan las sensaciones de los nervios al lugar indicado (área del cerebro donde se recibe el estímulo a través del nervio correspondiente), aparecen nuevos fenómenos, los cuales son totalmente diferentes de todo lo que depende de la organización del cerebro o los nervios. 


De pronto aflora y emerge un pensamiento.


Una idea se presenta en la mente, se agregan sentimientos, emociones, la voluntad y la capacidad de decidir. 


No se puede explicar este fenómeno por medio del conocimiento que se ha adquirido sobre la materia nerviosa. 


Esta capacidad debe residir en

algo que va más allá del cerebro


Pues el cuerpo por sí mismo no puede alterar sus fenómenos naturales.


Pero la mente sí hace esto con respecto al cerebro, un pensamiento altera la totalidad de su acción. 


Por lo tanto el fisiólogo está persuadido de que hay algo más en el ser humano, distinto al cerebro, al cual se le deben atribuir los fenómenos de la mente.


¡Somos incomprensibles hasta para nosotros mismos! 


Y esto es porque fuimos creados por una mano maestra muy superior a nosotros: Dios mismo. 


Así como no se puede comprender la esencia de Dios, tampoco se puede comprender en su totalidad el funcionamiento y el alcance de la mente humana.


Como cristianos, usamos para esto las palabras «mente», «corazón» o «espíritu humano», y sabemos que entrar en este terreno es entrar en la obra de Dios, cuando sobre el cuerpo ya formado de Adán, sopló espíritu de vida. Leemos en Génesis 2:7: Entonces Dios el Señor formó el cuerpo del hombre del polvo de la tierra y sopló en su nariz el aliento de vida. 


Fue así como el hombre se convirtió en un ser vivo, Dios, con su soplo, infundió vida física, mental y espiritual, y el hombre se convirtió en un ser viviente. 


En 1 Corintios 15:45 leemos que dicen las Escrituras que el primer Adán se convirtió en un ser viviente, pero el postrer Adán, Cristo, es un Espíritu que da vida.
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