El reino de los cielos se ha acercado

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Al comienzo de Su ministerio terrenal, Jesús anuncia que “el reino de los cielos se ha acercado” (Mt. 4:17)
Cuando leemos “el reino de los cielos” podemos pensar en arpas, nubes y coros de ángeles, pero Jesús es claro en cuanto a que el reino de los cielos se refiere al gobierno de Dios en la tierra. 

El reino de los cielos se ha acercado”. 
Si se ha acercado quiere decir que ha venido donde yo estoy ,aquí a esta tierra.

A los reinos les corresponden temas como el gobierno, la economía, la agricultura, la producción, la justicia y la defensa etcétera.
Las enseñanzas de Jesús, como se registran en Mateo hablan directamente a una  vida de “actividad” , de “acción”.

En el Sermón del monte, Jesús les presenta a sus seguidores los valores, la ética y las prácticas de este nuevo reino. 

En el Padre Nuestro les enseña a orar que “Venga Tu reino. Hágase Tu voluntad, así en la tierra como en el cielo” (Mt 6:9–10). 

El Evangelio de Mateo concluye cuando Jesús les encarga a Sus seguidores que vayan a discipular por todo el mundo, porque Él ha recibido toda autoridad “en el cielo y en la tierra” y estará presente con ellos en su “trabajo” en la tierra (Mt 28:18–20). 
Mateo deja claro que este reino no se establecerá completamente en la tierra como la conocemos hoy, sino que ocurrirá cuando veamos  
“al Hijo del Hombre que viene sobre las nubes del cielo con poder y gran gloria” (Mt 24:30).
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Mientras tanto, le damos la espalda a las formas antiguas de actuar o hacer, para que la nueva manera, conforme al reino de los cielos, sea visible en nuestra vida. 
Incluso ahora trabajamos de acuerdo con sus valores y sus prácticas.

Vivimos en lo que los teólogos llaman “el ya pero todavía no”.

El reino de los cielos ya fue inaugurado por Jesús en Su ministerio terrenal, pero no se ha completado  definitivamente —no hasta que Cristo regrese en persona como Rey. 
Mientras tanto, nuestras vidas —incluyendo nuestro trabajo, esparcimiento, adoración, gozo y aflicción —están enmarcadas por la realidad de vivir en un mundo que todavía está sujeto a las costumbres antiguas y corruptas de la Caída (Gn 3), pero que ha sido reivindicado por su verdadero Señor, Cristo. 

Como cristianos, reconocemos totalmente que Jesús es nuestro Señor y ahora, nuestros hábitos en la tierra deben reflejar el reino venidero de los cielos.
 Esto no significa alardear de que somos más piadosos que otros, sino aceptar el reto de crecer en los caminos de Dios. Dios llama a Su pueblo a que tome muchos roles y ocupaciones diferentes en la tierra y en todos ellos, debemos demostrar con nuestra vida la verdadera realidad: el reino de Dios que viene del cielo a la tierra.

Al mismo tiempo, no podemos escapar a los males del mundo que trajo la Caída, incluyendo la muerte (1Co 15:15–26), el pecado (Jn 1:29) y Satanás (Ap 12:9).
Jesús mismo experimentó un sufrimiento terrible aunque temporal a manos de hombres pecadores y a nosotros también nos puede ocurrir. 
En el mundo podremos sufrir bastante por causa del trabajo forzado, el desempleo o incluso la muerte por causas relacionadas con el trabajo,del esparcimiento o la fe, también puede que pasemos sufrimientos de formas más pequeñas al tratar con compañeros de trabajo difíciles, familiares, condiciones laborales o de vida desagradables, ascensos merecidos pero no recibidos o miles de otros contratiempos. 

A veces sufrimos por causa de las consecuencias de nuestro pecado tanto en la vida (ejemplo: la salud), como en el trabajo (ejemplo: mi economía)

Puede que otras personas sufran mucho más que nosotros, pero todos podemos aprender a partir del Evangelio de Mateo cómo vivir como seguidores de Cristo en un mundo caído.

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