El sesgo de los líderes mesiánicos

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La democracia liberal está propuesta como el mejor sistema político, que perduró más que los otros dos sistemas presentados a principios de siglo pasado: el fascismo y el comunismo. 

Sin embargo, también se encuentra en jaque por los actuales gobiernos autócratas que cumplen un criterio paradojal: 

“se autodenominan liberales pero coartan toda posibilidad de libertad individual y solo proponen un libre mercado controlado por el Estado, que le baja el impuesto a los millonarios y suma dinero para la seguridad, aumentando paradójicamente el gasto estatal del presupuesto en defensa interior, recursos que gastaría el Estado justamente para reprimir cualquier atisbo de pedido de libertad.”


Los sesgos son apreciaciones sensoriales funcionales modificadas, como el de "arrastre" cuando se decide lo mismo que la mayoría, siendo este fenómeno francamente peligroso y repetitivo en el debut de autocracias.


Los líderes que imponen posverdades utilizan un sesgo cuantitativo, como el de "dispersión cognitiva", que es una trampa numérica que apela a la capacidad atencional de grupos humanos. 


Así se agregan temas permanentemente, confundiendo a través de múltiples datos, muchas veces erróneos, y cambiando de ideas para agregar más variables.


Esto es típico de personas que tratan de ocultarnos informaciones y de líderes mesiánicos.


Los líderes narcisistas resultan peligrosos, pues se ocultan en lo oscuro de la personalidad, este grupo abusa del poder, utiliza a los otros para conseguir el bien propio y llegar al dominio y sus integrantes no dudan en generar mentiras o artimañas para llegar y/o mantenerse en la cumbre. 


Pero, a su vez, tienen ciertas debilidades importantes: soportan mucho menos las críticas y se angustian cuando las reciben, aunque generalmente sin modificar sus decisiones.


Castigan así a los que los critican, aplacan los instintos primitivos de lucha y competencia y, por supuesto, no soportan perder. 


Estos líderes son mucho más susceptibles a la recompensa que al castigo, mucho más si ese liderazgo se prolonga.


La falta de diálogo es otra de las características


El diálogo es necesario en democracia, como un proceso intersubjetivo, para no ser afectado solamente por factores emocionales propios basados en las creencias y ejercer el pensamiento crítico.


Los procesos instintivos son muy complejos e implican funciones que luego se pueden concientizar. 


Lo intuitivo es un proceso automático, muchas veces útil para sobrevivir, pero que no puede trabajar sin el control racional, pues podría convertirse en algo muy peligroso, ya que no es prudente evaluar la toma de decisiones complejas solo emocionalmente.


El pensamiento crítico no solo es necesario para descubrir tanto fake news como políticos que desean engañarnos sino también para la asertividad y el éxito en cualquier actividad que realicemos. 


En cada consenso existe una negociación que lleva implícito el diálogo, la intuición y la empatía como intersubjetividad.


Implica, entonces, conocerse a uno mismo (metacognición) y al otro (cognición social), saber sobre nuestras creencias arraigadas y, por último, la toma de decisiones, ya sea inmediata, mediata o a largo plazo.


Como seres contenemos en nuestra conciencia miles de algoritmos sociales e intersubjetivos.


Entonces, algunos pensadores como el historiador Yuval Harari plantean que los humanos somos algoritmos influenciables, ya que no se trata solo del intelecto sino de las emociones y de los deseos que tendrían la forma de algoritmos.


La gran mayoría de nuestras decisiones, inmediatas o mediatas, como las elecciones más importantes en la vida (casarse, estudiar o el lugar donde elegimos vivir) son tomadas por "refinados algoritmos intersubjetivos" que constituyen nuestra cognición y que llamamos "sensaciones, emociones y deseos"; y son construidas en forma determinista biológica y además social, ambiental y azarosa. 


Difícil pensar solo en lo individual sin considerar que formamos parte de una sociedad.


La decisión electoral está inbuida en el manejo de los afectos e intenciones antes que se produzca el razonamiento. 


Implican una toma de decisiones a largo o a corto plazo, ambas impuestas por la afectividad antes que el razonamiento, especialmente en grupos humanos gigantes, absolutamente atípicos para el cual nuestro cerebro

"sapiens" no ha tenido tiempo de adaptarse.


Nuestro pensamiento tendrá de este modo dos sesgos importantes, como sostiene Joachim Funke, psicólogo, filósofo e investigador para la

resolución de problemas, el "sesgo de confirmación", a través del cual valoramos como más certero lo que se adecua a nuestro pensamiento previo, y la "ley de números", cuando sacamos conclusiones generales en forma errónea con muy pocos datos, o por lo contrario "con muchos". 


Un defecto muy común, por cierto.


Existen conductas fundamentalistas o religiosas arriesgadas que pueden confundir gravemente a la comunidad, muchos más con personas que hablen desde la ciencia, contaminando con posturas disruptivas cuestiones aceptadas internacionalmente.


Personas que parecen inteligentes pueden no presentar un buen pensamiento crítico; es decir, no pueden discernir errores emocionales atravesados por cuestiones fijas, o peor, fundamentalistas o sesgadas motivos no racionales.

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